jueves, 22 de agosto de 2013

Relato de una joven juzgada.

Una noche de invierno dónde caminaba bajo la fría manta de aire la envuelve por completo a la chica que intenta llegar a tiempo a casa con las medicinas correspondientes para su pequeña hermana, que está sola en casa.
Le cuesta sacar las llaves para poder entrar al portón. Mira el correo.  Dos avisos. Dos veces sin haber pagado el alquiler y debe otros 2 préstamos al banco. Una revista. Un catálogo con los mejores juguetes para comprar estas navidades. Y nada más. Ni una carta escrita a mano por alguien especial diciendo que la echa de menos.  
Le da al botón de subir en el ascensor. Tras varios segundos, se para. Ese es el menor de sus problemas. Como he dicho antes debe dinero al banco. Falta por pagar el alquiler. Está a punto de perder su trabajo. Está sola, con una pequeña niña esperándola en casa, la cual está enferma que ha pillado una pulmonía y está bastante grave. Tan solo tiene 10 años. Sin padres, con tan solo un familiar cercano. Definitivamente que un ascensor se pare en medio de la noche es su menor problema.
Cuando parece que ya funciona, ella sigue a delante. Entra a casa y bajo la tenue luz que ilumina la habitación se acerca a su hermana y posa un suave beso en su mejilla. Le da su medicina y espera a que tenga efecto lo más pronto posible.
Se sienta en el sofá son las diez de la noche. Hoy lo poco que le quedaba de comer se lo ha dado a su hermana que lo necesitaba más. Su estómago rugía de hambre. Con suerte encuentra algo por la cocina. Una barrita nutritiva que le dieron como muestra en el supermercado. Bien. Algo es algo. Se acuesta al lado de su hermana ya dormida y a la espera de que mañana sea un día mejor.


Los llantos de su hermana la despiertan de una forma aterradora. La niña tiene fiebre, está llorando y ha vomitado. Se levanta lo más rápido posible e intenta calmarla, pero no lo consigue la niña se queja de que le duele la garganta. La deja en la cama y al rato vuelve con su medicina y una taza de manzanilla . Pero la calma lo suficiente como para limpiar el vómito. 
La joven de 20 años asustada la cambia y baja al piso de abajo para que su vecino las pueda llevar al hospital. Pero no está. Llama a su tío que vive cerca, pero no lo coge. Normal a las 4:00 de la madrugada, todos duermen. ¿Qué esperabas? Sale a la fría calle a buscar un taxi con la niña más calmada. Lo encuentran pero no tiene dinero suficiente para pagarlo. El taxista se niega a llevarlas aun así viendo la situación que se le presenta de una joven nerviosa y una niña lloriqueando.
Buscan otro, y otro, y otro. Pero ninguno quiere. ¿Qué casualidad que por unas cuantas monedas más  no quieran ayudarte, no? No sé dónde se esconde la gente humilde que todos dicen que son.  Caminando por la acera buscando alguna “solución” decide la joven no exponer más tiempo a la niña fuera de casa. Parece más calmada.
 Los fríos dedos de la lluvia se cuelan por su cuello bajando así hasta su columna. Se estremecen.  Vuelven a casa y se da cuenta de que no se ha traído las llaves. Solo bastó eso para que la joven soltase la mano de la pequeña y diese una patada a lo primero que pillase. La ira se apoderó de ella. No podía seguir así. ¿Ahora qué iban a hacer? Empezaba a llover más fuerte . Hacía frío. No podían subir a casa. El timbre no funcionaba debido al apagón que hubo en el edificio en su ausencia. Estaban empapadas de gotas de lluvia y de lágrimas. La chica no quería derrumbarse delante de su hermana. Hasta ahora era la única que tenía cerca y a la cual admiraba por su valentía, no podía fallarle. Se contuvo las lágrimas y dejó de llorar. La llevó a un pequeño rincón de la calle y esperaron a que la lluvia acabase.

Pasaron una hora allí fuera sin dejar de llover. Y sin ninguna ayuda. Su hermana se acurrucó a ella y parece ser que se durmió, mas ella no lo consiguió. Se quedó pensando en el pasado. Los recuerdos del pasado se abrumaron en su cabeza. En el momento de la pérdida de sus seres más queridos. En el momento en el que se enteró que ya solo estaban ellas dos. Sin nadie más. Su familia la discriminaba por haberse acostado con quien no debía. Era una chica que siempre hacía cosas de bien y nadie la elogiaba, pero bastó con cometer un error y se lo recriminaron toda su vida. Su único apoyo, sus padres, desaparecieron tras un viaje de negocios. Y solo quedaron ellas dos. Y así sobrevivieron durante 7 meses. Con una niña que apenas iba al colegio y una joven inexperta. La gente las veía muchas veces juntas, y sin saber nada empezaron a juzgarla. Por ser madre tan pronto y tener tan mal cuidada a su hija la miraban mal. Cuando aquella gente no sabía cuál era la verdadera razón. Qué historia se escondía detrás de esas dos señoritas que aparentemente llevaban una vida un poco mediocre pero por dentro era peor aún. Que la felicidad de la pequeña era lo único por lo que su hermana sonreía. Que ya no existía más cariño ni amor que el que le daba la joven a su pequeña.
Y así acabó todo. Al día siguiente aquel taxista que llevaba a unos turistas y  se estaba aprovechando de ellos cobrándoles más de lo que debía vio en una esquina algo extraño. Dos figuras humanas, que cuanto más se acercó más dolor le causó. Quién sabe si la vida de esas chicas hubiese estado en las manos del resto de la gente. Porque muchos se ofrecieron a ayudarla mucho antes, por pena de ver que ya no tenían a nadie. Pero ella se hizo la fuerte y se negó, quería esforzarse y sacarlo todo a delante con el sudor de su frente. Y se le fue de las manos. Pero después cuando verdaderamente necesitaban ayuda , nadie estaba dispuesto a hacer algo por ellas.
Una mujer vieja que paseaba en silla de ruedas como hacía todos los días con su hija se conmovió al ver esa escena. Dos chicas abrazadas con unas caras blancas como el papel y sin rastro alguno de respiración o vivencia. Se acercaron a ellas y aunque ya era tarde la señora las tapó con una manta la cual utilizaba para cubrir sus piernas. Vecinos hicieron un corrillo alrededor de ellas preguntándose qué pasó con aquellas personas. Y otra vez hablaron, mal o bien. Sin saber nada.




Días después los padres desaparecidos encontraron en periódicos una noticia que les rompió el alma. Las hijas que nunca pensaron que volverían a ver y que estaban vivas,ahora  estaban muertas. Pero ellos se dieron por vencidos muy pronto. Ya que ellas se marcharon para tener una vida mejor y más fácil en el pueblo vecino. Pero ya era tarde para lamentarse. Ya solo quedaban… dos padres destrozados y recuerdos, algunos recuerdos. 

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