Una noche de invierno dónde caminaba bajo la fría manta de
aire la envuelve por completo a la chica que intenta llegar a tiempo a casa con
las medicinas correspondientes para su pequeña hermana, que está sola en casa.
Le cuesta sacar las llaves para poder entrar al portón. Mira
el correo. Dos avisos. Dos veces sin
haber pagado el alquiler y debe otros 2 préstamos al banco. Una revista. Un
catálogo con los mejores juguetes para comprar estas navidades. Y nada más. Ni
una carta escrita a mano por alguien especial diciendo que la echa de menos.
Le da al botón de subir en el ascensor. Tras varios segundos,
se para. Ese es el menor de sus problemas. Como he dicho antes debe dinero al
banco. Falta por pagar el alquiler. Está a punto de perder su trabajo. Está
sola, con una pequeña niña esperándola en casa, la cual está enferma que ha
pillado una pulmonía y está bastante grave. Tan solo tiene 10 años. Sin padres,
con tan solo un familiar cercano. Definitivamente que un ascensor se pare en
medio de la noche es su menor problema.
Cuando parece que ya funciona, ella sigue a delante. Entra a
casa y bajo la tenue luz que ilumina la habitación se acerca a su hermana y
posa un suave beso en su mejilla. Le da su medicina y espera a que tenga efecto
lo más pronto posible.
Se sienta en el sofá son las diez de la noche. Hoy lo poco
que le quedaba de comer se lo ha dado a su hermana que lo necesitaba más. Su estómago
rugía de hambre. Con suerte encuentra algo por la cocina. Una
barrita nutritiva que le dieron como muestra en el supermercado. Bien. Algo es
algo. Se acuesta al lado de su hermana ya dormida y a la espera de que mañana
sea un día mejor.
Los llantos de su hermana la despiertan de una forma
aterradora. La niña tiene fiebre, está llorando y ha vomitado. Se levanta lo
más rápido posible e intenta calmarla, pero no lo consigue la niña se queja de
que le duele la garganta. La deja en la cama y al rato vuelve con su medicina y
una taza de manzanilla . Pero la calma lo suficiente como para limpiar el
vómito.
La joven de 20 años asustada la cambia y baja al piso de abajo para que
su vecino las pueda llevar al hospital. Pero no está. Llama a su tío que vive
cerca, pero no lo coge. Normal a las 4:00 de la madrugada, todos duermen. ¿Qué
esperabas? Sale a la fría calle a buscar un taxi con la niña más calmada. Lo
encuentran pero no tiene dinero suficiente para pagarlo. El taxista se niega a
llevarlas aun así viendo la situación que se le presenta de una joven nerviosa
y una niña lloriqueando.
Buscan otro, y otro, y otro. Pero ninguno quiere. ¿Qué
casualidad que por unas cuantas monedas más
no quieran ayudarte, no? No sé dónde se esconde la gente humilde que
todos dicen que son. Caminando por la
acera buscando alguna “solución” decide la joven no exponer más tiempo a la
niña fuera de casa. Parece más calmada.
Los fríos dedos de la lluvia se cuelan
por su cuello bajando así hasta su columna. Se estremecen. Vuelven a casa y se da cuenta de que no se ha
traído las llaves. Solo bastó eso para que la joven soltase la mano de la
pequeña y diese una patada a lo primero que pillase. La ira se apoderó de ella.
No podía seguir así. ¿Ahora qué iban a hacer? Empezaba a llover más fuerte .
Hacía frío. No podían subir a casa. El timbre no funcionaba debido al apagón
que hubo en el edificio en su ausencia. Estaban empapadas de gotas de lluvia y
de lágrimas. La chica no quería derrumbarse delante de su hermana. Hasta ahora
era la única que tenía cerca y a la cual admiraba por su valentía, no podía
fallarle. Se contuvo las lágrimas y dejó de llorar. La llevó a un pequeño
rincón de la calle y esperaron a que la lluvia acabase.
Pasaron una hora allí fuera sin dejar de llover. Y sin
ninguna ayuda. Su hermana se acurrucó a ella y parece ser que se durmió, mas
ella no lo consiguió. Se quedó pensando en el pasado. Los recuerdos del pasado
se abrumaron en su cabeza. En el momento de la pérdida de sus seres más
queridos. En el momento en el que se enteró que ya solo estaban ellas dos. Sin nadie
más. Su familia la discriminaba por haberse acostado con quien no debía. Era
una chica que siempre hacía cosas de bien y nadie la elogiaba, pero bastó con
cometer un error y se lo recriminaron toda su vida. Su único apoyo, sus padres,
desaparecieron tras un viaje de negocios. Y solo quedaron ellas dos. Y así sobrevivieron
durante 7 meses. Con una niña que apenas iba al colegio y una joven inexperta. La
gente las veía muchas veces juntas, y sin saber nada empezaron a juzgarla. Por
ser madre tan pronto y tener tan mal cuidada a su hija la miraban mal. Cuando
aquella gente no sabía cuál era la verdadera razón. Qué historia se escondía detrás
de esas dos señoritas que aparentemente llevaban una vida un poco mediocre pero
por dentro era peor aún. Que la felicidad de la pequeña era lo único por lo que
su hermana sonreía. Que ya no existía más cariño ni amor que el que le daba la joven
a su pequeña.
Y así acabó todo. Al día siguiente aquel taxista que llevaba
a unos turistas y se estaba aprovechando de ellos cobrándoles más de lo que
debía vio en una esquina algo extraño. Dos figuras humanas, que cuanto más se
acercó más dolor le causó. Quién sabe si la vida de esas chicas hubiese estado
en las manos del resto de la gente. Porque muchos se ofrecieron a ayudarla
mucho antes, por pena de ver que ya no tenían a nadie. Pero ella se hizo la
fuerte y se negó, quería esforzarse y sacarlo todo a delante con el sudor de su
frente. Y se le fue de las manos. Pero después cuando verdaderamente necesitaban ayuda , nadie estaba
dispuesto a hacer algo por ellas.
Una mujer vieja que paseaba en silla de ruedas como hacía
todos los días con su hija se conmovió al ver esa escena. Dos chicas abrazadas
con unas caras blancas como el papel y sin rastro alguno de respiración o vivencia. Se
acercaron a ellas y aunque ya era tarde la señora las tapó con una manta la
cual utilizaba para cubrir sus piernas. Vecinos hicieron un corrillo alrededor de
ellas preguntándose qué pasó con aquellas personas. Y otra vez hablaron, mal o
bien. Sin saber nada.
Días después los padres desaparecidos encontraron en periódicos
una noticia que les rompió el alma. Las hijas que nunca pensaron que volverían
a ver y que estaban vivas,ahora estaban muertas. Pero ellos se dieron por vencidos muy
pronto. Ya que ellas se marcharon para tener una vida mejor y más fácil en el
pueblo vecino. Pero ya era tarde para lamentarse. Ya solo quedaban… dos padres
destrozados y recuerdos, algunos recuerdos.
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